Libros

 

Las encías de la azafata

Ensayo
Tumbona Ediciones / Universidad de Guadalajara, 2010

El ensayo, que lleva ya muchos años confundido entre el rigor de la academia y la prisa del maquinazo, vuelve en este libro a ser lo que era: meditaciones dispersas, elásticas, breves, con las que el autor da un rodeo para dibujar su retrato. Esbozos de un libro que no se decide a comenzar, digresiones que no tienen la menor intención de concluir, a cada párrafo uno es testigo de la retorcida compasión que cabe dentro de la burla de uno mismo.

Ante el incesante acoso de las vidas excepcionales, de los alardes disfrazados de biografía, queda el refugio de la autoexploración modesta, de las manías comentadas con desenfado y escarnio. En Las encías de la azafata, José Israel Carranza retoma el arte en desuso de poner la pluma en la llaga y exponerse, no en busca de una extendida pedagogía, sino del deleite verbal que implica dar a las obsesiones propias el lugar que se merecen.

Desde la complicidad del jugador de billar enamorado de su taco hasta el estira y afloja del fumador convencido de su vicio; desde la voz de la Pantera Rosa hasta las notas de un diario que no se resuelven en obra terminada, Las encías de la azafata es un ejemplo de cómo la introspección puede ser una actividad de lo más extrovertida.

Descarga gratuita, cortesía de Tumbona Ediciones.

 

Si esa lluvia llega va a destruir la ciudad

Cuento

Instituto Sonorense de Cultura, 2007

En Si esa lluvia llega va a destruir la ciudad se fraguan la excelencia de su escritura, lo circular de las distintas tramas que articula para generar un ambiente sugestivo de melancolía y soledad donde la presencia de los anhelos no cumplidos son el eje principal en el cual gira, en forma precisa y adecuada, esta colección de cuentos

 

Cerrado las veinticuatro horas

Cuento
Universidad de Guadalajara/Ediciones Arlequín, 2003
La ciudad es una larga frase que, al tiempo de ir creciendo, ve desmoronarse las premisas que le dieron impulso y adopta formas de animal viviente, de mar, de raíz o de fantasma. Quizá por ello en los cuentos de José Israel Carranza no aparezcan fantasmas, plantas, imágenes de la naturaleza ni bestias irracionales: la ciudad es aquí una realidad tangible, una experiencia inmediata, y no la explicación de la realidad ni de la experiencia. Doce narraciones hay en Cerrado las veinticuatro horas, contundentes y minuciosas; en cinco, al menos, figura ya en el título el nombre de quien habrá de protagonizarlas. No sería difícil, entonces, declarar que los personajes —y no los fenómenos o las acciones— encabezan y orientan las preocupaciones del escritor. Sin embargo, la reiteración de ciertos espacios (una cafetería, determinados hoteles y consultorios, barrios enteros) permite suponer que algo superior a las personas, algo más vasto y complejo que sus intereses privados y tareas compulsivas, agranda el espectro de lo narrado y erige con sus menudas historias, de manera secreta y obcecada, un edificio global que respira por su cuenta, que se recoge y expande con ritmo propio, que se despliega y al fin desaparece: un animal, un mar, una raíz, un fantasma. La ciudad, en suma: semejante, como una larga frase, a «una vida que sólo ocurriera en el presente».

 

La estrella portátil

Ensayo
Fondo Editorial Tierra Adentro, 1997
El arte de la mirada es atemperado mediante un saber intuitivo: el de las coordenadas que señalan la dirección del escorzo. La memoria está suspendida en la retahíla de ojeadas hacia este punto de fuga y en la estilizada escritura que endereza las apariencias para, a trasluz, desbrozar su virtualidad. Experiencia estética al fin, sólo es posible a través de los penetrantes atisbos de un Morel hologramático, agente y fenómeno de su propia inteligencia vigilante. En suma, con la sincronía entre la forja de la mirada, el objeto iluminado por la vista y el cuajar del ojo que aquilatara lo que ve.

Al centro de un vértigo semejante hallamos al urbanita que descubre en su ciudad todos los matices afectivos posibles, quien porta su necesaria linterna en busca de resquicios para mirar al cielo, y que traza la apasionada hermenéutica que iluminará su hallazgo: ante escotomas fosfenos.

Pocos escritores suelen emplazarse —sin rechinar los dientes, con sincero humor— en el justo medio aristotélico para allanar lo obvio con el rasero del asombro. José Israel Carranza, encarnado zahir, pertenece a esa estirpe que proyecta una nueva mirada para cada estrella.

Martín Mora

La sonrisa de Isabella y otras conjeturas

Cuento
Premio Nacional de Literatura Salvador Gallardo Dávalos, Instituto Cultural de Aguascalientes, 1995
Según el jurado de este certamen nacional para jóvenes creadores, conformado por Rosa Luz de Luna, Julián Guillermo Gómez y Ricardo Esquer, José Israel Carranza aportó la “escritura fresca e imaginativa” que le hizo acreedor a este galardón, junto a otros autores noveles; otorgado por el Instituto Cultural de Aguascalientes y el Instituto Nacional de Bellas Artes, se estimuló a las obras “cuya calidad no perdona la injusticia de la indiferencia”.

 

Las magias inútiles

Cuento

Texto alternativo
Universidad de Guadalajara, 1993

Si como dice el escritor Italo Calvino: “La imaginación es un lugar en el que llueve”, en la de José Israel Carranza no es la excepción. En su libro Las magias inútiles una llovizna de sensaciones golpea constantemente a los sentidos: el olor a café, el humo de los cigarros, la nostalgia amorosa y, sobre todo, la desolación y la incómoda sorpresa que provocan algunos de sus personajes: un ciego siniestro con los dientes podridos, un vagabundo que vomita de hambre en pleno café.

Las magias inútiles es un anecdotario urbano que muestra a seres atrapados en la ciudad, en el mecánico ritual de la vida donde las cosas más absurdas suceden sin alterar —aparentemente— el paisaje. Estos entes poseen, paradójicamente, una magia secreta y efectiva (como el viejo de las palomas en el relato “Magia la lluvia”) que los hace fantásticos y reales a la vez; tangibles como la gente que sube al trolebús, lee el periódico o come cañas con chile y limón.

Bernardo Esquinca, «Las alteraciones de lo cotidiano». Suplemento Nostromo, periódico Siglo 21. 5 de diciembre de 1993.